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6月21日

A los terroristas ni agua

Y acciones de ETA como el secuestro de Miguel Ángel Blanco Garrido y otras no son actos de guerra, es terrorismo: delincuencia en la clandestinidad y amedrentamiento y coacción hacia la población. Esa es la razón por la que ningún Gobierno se debe juntar con esta chusma, porque el gobierno es legítimo y los matones no lo son; eso de mirar a los ojos de los matones no es lo peor, sino permitir que ellos te miren a ti y te traten de igual.
Eso es alentar a la delincuencia, lo haga quien lo haga; podrá ser legítimo hacerlo, pero es inmoral y además está condenado al fracaso; la prueba es el mismo asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido:
Unos matones secuestran a un concejal y exigen a cambio de su vida una concesión por parte del Gobierno. Si no la dan lo matan como así hicieron pero, ¿y si la dan? ¿Quién garantiza que no lo iban a matar: la palabra de los terroristas o la convicción dogmática de un y hacia un gobierno de que así va a ser? Aún más, en el caso de que la concesión se llegara a producir y saliera medianamente bien ¿quién me garantiza que este procedimiento de actuación criminal para conseguir unos determinados objetivos no se va a extender en vista precisamente del buen resultado obtenido? La respuesta a todas esas preguntas es la misma: NADIE; una de las causas fundamentales del bienestar de su país es la confianza y la seguridad hacia el mismo y la sola posibilidad de que alguno de los supuestos anteriores tenga lugar hace temblar los pilares de ese estado de bienestar.
Eso es lo que al Gobierno y a los que confían ciegamente en él se les tiene que meter en la cabeza si es el trato con los terroristas la principal preocupación del Gobierno y no otra. Dada la actitud del Gobierno actual la respuesta a los chantajeadores hubiera sido acceder a sus exigencias con el convencimiento de que ésa es la ÚNICA manera (y no existiría otra) de evitar más muertes; ería evidente que la postura del Gobierno ha cambiado desde entonces (como así ha sido), pero de la parte de los delincuentes no hay cambio ninguno, ni siquiera indicios de que su actitud vaya a cambiar. No obstante el Gobierno trata de convencernos de que en el fondo de sus corazones (pero muy en el fondo si es que lo tienen) sí hay un deseo de abandonar la criminalidad. Y yo digo, convencernos ¿en base a qué?
Esto es como pillar una mosca cojonera y quitarle las alas, seguirá viva pero es cuestión de tiempo que perezca. Sin embargo llega un voluntarioso convencido de la bondad de los seres vivos y le proporciona unas alas que otros le cortaron si dicha mosca no le pica más, el muy confiado no sabe o no quiere saber que la existencia de la mosca se basa en picar a los demás, porque es su propia naturaleza.